Once

30 agosto 2006

Una mañana perfecta


Se cuelan finos hilos de luz entre las lamas de madera de las contraventanas, es temprano, pero es que junio es lo que tiene, amanece pronto y el sol ilumina con fuerza desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la tarde.

He dormido profundamente, me levanto con renovadas fuerzas y todo un fin de semana por delante para hacer millones de cosas que tengo en la cabeza. Abro las contraventanas y, tras un pequeño ajuste de mis pupilas a la intensa luz de aquella mañana, observo el inmenso horizonte que me ofrece el Mediterráneo, salpicado de pequeños islotes. Me dispongo a darme una refrescante ducha, disfrutar de un buen desayuno para, a continuación, comenzar mis labores botánicas. He de mirar como evolucionan los hibiscus, jazmines, madreselvas, lantanas, bignonias, buganvillas...

El sol quema mi espalda y me caen goterones de sudor por la frente mientras remuevo un poco la tierra, que quedó apelmazada por la tormenta de ayer noche. Decido que es la hora de tomarse un respiro. Tomo una refrescante cerveza en mi jarra de barro escarchada y me siento bajo la sombra de la pequeña pero frondosa Palmera de Guadalupe (Brahea edulis). Entonces se detiene el tiempo y observo el contraste que me ofrece el manto verde de la grama con el azul añil del cielo y el mar. Es curioso, pero los colores que más abundan en la naturaleza son los más bonitos...¿o quiza me parecen los más bonitos por que son los que más abundan?

Cuando me encuentro inmerso en mis reflexiones oigo una voz... "¡la comida esta lista!" Entonces es cuando mis papilas gustativas se encienden y pienso en el sabroso atún fresco que hay para comer, por no hablar de la fantástica ensalada de hortalizas caseras, aderezadas como sólo ella sabe...

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1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

A mi me has contagiado esta misma fiebre y sueño con compartir algunas de estas sensaciones contigo...

¿Se podrá ser tan feliz?

7:59 p. m.  

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